A través de la historia se conocieron muchas mujeres influyentes, capaces de realizar los más descabellados actos en un afán por alcanzar el éxito y la excelencia, tanto como luchar hasta dejar su vida por un ideal, muchas de estas heroínas se conocieron como; Juana de Arco “luchadora”, Ana Bolena “reina consorte”, María Curie “científica”, Mata Hari “espía”, Teresa de Calcuta “misionera”, Marilyn Monroe “actriz”, Pilar Miró “cineasta” Diana de Gales “princesa”. Todas con una historia muy interesante y características innatas, pero sin duda una de mi historia favorita sobre estas mujeres de vigor y resiliencia fue: Elsie S. Ott (1913-2006) Una enfermera en el aire. Fue la primera mujer en recibir la Medalla de Aire de los Estados Unidos. Ella le fue concedida esa medalla en el reconocimiento de su heroísmo en la determinación de una manera de evacuar a los heridos de la línea de frente en la segunda guerra mundial.
El Cuerpo de Enfermeras de Cadetes de los Estados Unidos fue establecido por el Congreso de Estados Unidos el 15 de junio de 1943, y firmado en ley por el presidente Franklin D. Roosevelt el 1 de julio de 1943. Su propósito era asegurar que el país tuviera suficientes enfermeras para cuidar a sus ciudadanos en el hogar y en el extranjero durante la Segunda Guerra Mundial."Cadet Nurse Stories. Indianapolis, IN: Center Nursing Publishing".
Era una fría noche de Smithtown en New York de 1913, cuando nació una joven de cachetes rosados y un poquito de cabello que apenas le cubría una manta blanca que resaltaba su cabeza, era una modesta y humilde familia neoyorquina que se esforzó mucho dentro de sus posibilidades para sacar adelante a este nuevo miembro de la familia tan resplandeciente como el sol caliente después de la larga noche, la pequeña llevaba por nombre Elsie Ott, que luego de terminar una secundaria decidió estudiar en la escuela de enfermería del Hospital Lenox Hill de New York, donde fue certificada como enfermera de los Estados Unidos de América. La joven enfermera llevaba una vida muy normal y modesta trabajando en algunos hospitales de la zona cuando decidió dar un giro totalmente inesperado a su vida, estaban en plena segunda guerra mundial cuando la chica decidió alistarse en el cuerpo de enfermería del ejército de los Estados Unidos en septiembre de 1941. No sabemos que la llevo a tomar tal decisión, y menos en un momento tan difícil para su país, pero de lo que si estamos seguros es que fue esa determinación que la llevo a moverse del statu quo y la empujo a una gloria inesperada así como a participar en las delgadas líneas de la historia universal.
Estaba entonces cumpliendo con sus labores en Luisiana Y Virginia cuando recibió una llamada, era del ejército Norteamericano, le estaban informando que se prepara a la mayor brevedad posible porque en vista de la difícil situación que presenta el país en Pakistán debería viajar a la ciudad India de Karachi. Definitivamente una noticia que no esperaba, la joven tenía dos opciones en ese instante, una era renunciar a la aviación norteamericana y volver a su antigua rutina llena de vicios repetidos dentro de algún hospital de los Estados Unidos, o por el contrario, aceptar un reto tan importante como apremiante para su vida, que podría incluso no acabar muy bien, colocando hasta su vida en peligro, sin embargo, sin dar espacio a la duda o algún desliz neuropsicológico, firmemente sentencio con un rotundo “si” que se embarcaría en aquella travesía.
A medida que la segunda guerra mundial avanzaba, los países aliados estaban cada vez más preocupados por la situación que presentaban con los heridos en la zona, que por cierto eran tantos que sacarlos del lugar ya se estaba convirtiendo en un problema bastante grave. Habían pautado un viaje por mar para trasladar los heridos, pero el proceso tardaría alrededor de tres meses y con ese tiempo en alta mar, probablemente todos morirían, fue entonces cuando se les ocurrió la majestuosa idea de, en el mismo avión militar donde dejarían caer tropas de combate, traerían de vuelta a los heridos, era una idea muy descabellada para entonces, ya que nunca lo habían intentado, y tal misión requería de una enfermera capaz de aceptar un reto tan duro como innovador para la época, esa sin duda alguna era, la gran Elsie Ott, que sin dudarlo junto a un sargento que apenas tenía un poco de conocimiento sobre primeros auxilio se embarcarían en aquel avión militar.
Era el gélido 17 de enero de 1943, cuando perturbados por los sonidos del dolor y el desagradable olor a sangre, saldrían a bordo del Avión para arrancar con miras al hospital Walter Reed en Washington D.C. la temeraria Elsie Ott nunca se había montado en un avión, les tenia pánico, creo que más bien terror, y contaba con solo 24 horas de antelación para prepararse psicológicamente, para vencer sus miedos internos, y aquel acentuado terror a volar. La falta de experiencia, materiales necesarios y ubicación de las camillas en la aeronave tampoco fueron una limitante para esta joven enfermera destrozara aquel reto. Con la mirada siempre en alto, más allá de lo cotidiano, partió con 5 pacientes, que presentaban diferentes patologías, como dolores y hasta locura. Dos estaban paralizados de la cintura hacia abajo, otra con heridas en todas las partes del cuerpo, una con glaucoma y pérdida temporal de la vista, y la última persona sufría psicosis maniaco-depresivas. Haciendo algunas paradas para el combustible lo cual permitió que se sumaran 11 enfermos más, complicaron la ardua tarea de aquella joven enfermera que no contaba con los equipos para realizar las primeras atenciones a los pacientes. Para la época no existían las ambulancias aéreas, así que le toco a ella inventar la primera, con apenas mantas, sabanas, café, almohada y un pequeño botiquín de primeros auxilios le toco bregar con todas estas enfermedades y dolores.
Un viaje que duraría algunos meses por mar, en la aeronave a la batuta de Elsie Ott solo se tomó 7 días, un número simbólico, que a mi parecer podría significar el cierre de un ciclo, el punto final de una historia, y al despertar el octavo día, se encontraban en el hospital Walter Reed en Washington D.C. Ese día ocho significo un nuevo comienzo, un segundo arranque, otra oportunidad de vida. Estados Unidos de América amaneció con una nueva y verdadera Heroína.
Gracias a su ardua labor de heroína anónima se inventaron las ambulancias aéreas con insumos que ella misma describió como de suma importancia para estas, se inauguró el programa de entrenamientos para enfermeras de vuelo en el campo aéreo y primer programa de cadetes aprobado por el congreso de los Estados Unidos de América por unanimidad. Elsie Ott fue un ejemplo de lucha y perseverancia, de saber aceptar retos y destrozarlos por completo, de salir victoriosa, de vencer los miedos internos, de moverse del statu quo, de aprender a volar, de improvisar, de hacer historia, de convertirse en ejemplo para el mundo, y sobre todo, ayudar a los más necesitados.



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