Sentado en algún lugar de mi placentero oriente, tierra favorecida por el mar Caribe, puedo recordar una etapa muy agradable en mi vida, estudiaba en algún liceo de la ciudad el periodo diversificado para obtener el título de bachiller en humanidades, las exigencias del instituto me permitían ver cursos como inglés, francés y latín, no recuerdo haber aprendido mucho para ese momento, pero si permanece en mí el entusiasmo que aquel día nació por conocer el origen de las palabras. El latín (para ser más específico) fue un idioma extraordinario, y conocer sobre él es una experiencia muy excitante como satisfactoria, porque a través del mismo puedo conocer la etimología de las palabras que, hoy por ejemplo, utilizo como vocabulario.

“El latín es una de las grandes lenguas literarias de la Antigüedad, la lengua de Virgilio, Cicerón, César, entre otros grandes de la historia. De la era cristiana “El latín vulgar”. József Herman. Barcelona. 2013”

Una de las personas más influyentes conocidos por el mundo, Jesucristo, denominado el hijo de Dios, siempre hablaba en “parábolas” cuyo vocablo da origen al término “palabra” que proviniendo de esta, expresa uno de los elementos más imprescindibles en cualquier lenguaje. La combinación de las palabras y sus significados permite formar frases u oraciones y, la suma de las diferentes palabras, una expresión determinada, que al final, provocara una forma de expresión común.

Para este escrito, así como para este momento mencionare el verbo “inteligencia” que en castellano, como en todos sus análogos y lenguas románicas, proviene del latín intelligentia, que a su vez deriva de inteligere. Esta es una palabra compuesta por otros dos términos: intus (“entre”) y legere (“escoger”). Por lo tanto, el origen procedente del concepto de inteligencia podemos relacionarla a”quien sabe elegir”. Algunos dicen que existieron muchas palabras en latín que dieron origen a nuestro significativo verbo “inteligencia”, esa que hoy nos recuerda según un antiguo atributo filósofo griego y una opinión muy personal, la capacidad de definirnos a nosotros mismo frente a una situación desconocida.

Ahora bien, todo junto significa “saber escoger” entre varias opciones quizás. Es decir, ser inteligente es saber tomar una decisión entre varias opciones, saber a dónde voy a dirigir mi atención, saber dónde voy a sembrar, saber a quién me tengo que dirigir, saber a dónde ir, en síntesis, saber qué determinación tomar. Ser inteligente es saber utilizar nuestros hemisferios cerebrales en situaciones precisas. Entre modalidades (el hemisferio izquierdo: Analiza, cuenta, marca el paso, planea los procedimientos, hace afirmaciones - el hemisferio derecho: Imagina, recuerda, sueña, crea nuevas combinaciones de ideas. Busca la manera de expresar, es intuición y discernimiento). La inteligencia nos permite convertirnos en un individuo capaz de escoger la mejor elección entre las posibilidades que se presentan para resolver un determinado problema, es convertirnos en una verdadera fuerza de choque, en un arma de doble filo, en un napalm. 

Ni siquiera recuerdo el nombre de mi profesora, su rostro vaga en mi mente, solo evoco una señora de baja estatura, de un hablar claro y algo de edad avanzada, que espero se encuentre aún llena de salud y vida. Rememorarla en este momento es hablar de latín, y hablar de ese desaparecido idioma es citar el vocablo arriba mencionada “legere” que se considera uno de los que formó a groso modo la palabra “inteligencia”, pero cuando traducimos esa palabra al español, esta significa “escoger” así que, me tomare el abuso de sacar un ejemplo, por lo que se refiere y por lo que nos toca, de forma alegórica quizás, o quizás no, pero cito: Si usted quiere ser inteligente en esta vida, usted tendrá que saber escoger.

Una persona inteligente, no es una persona intelectual, esta última se caracteriza por manejar mucha información, sabe de muchos datos, historia o matemáticas quizás, sin embargo una persona inteligente no necesariamente tiene que manejar un universo, una persona inteligente se caracteriza por ser determinada, por saber tomar decisiones en momentos imprevistos, una persona inteligente sabe que aunque siempre esté en desventaja ante el oponente, eventualmente podrá ganar, y para ello no necesita mucha información, necesita poner en práctica de forma correcta lo que atesora en su corazón, una persona inteligente sabe que aprender, porque si sabe mucho y se equivoca constantemente en sus decisiones entonces no es inteligente, puede ser intelectual, pero no una persona inteligente. Y sin comentar que, las mejores batallas se desarrollan en escenarios abismal mente desiguales, mientras más poderoso es el enemigo, más inteligencia requerimos para ganar.

Para algunos alcanzar la meta siempre será lo más importante en sus vidas, pero si te toca perder, también te tocó ganar (aunque parezca ilógico), cuando fallas en un área, ya conoces una nueva manera de no incursionar ello, será parte de tu conocimiento empírico, lo cual significa que te vas encaminando por el camino correcto. Estas adquiriendo el conocimiento necesario, te estás haciendo un verdadero luchador, un nuevo héroe.



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